Verdaderamente espiritual

Un hombre tenía la aspiración de lograr la salvación, asistía casi con regularidad a su iglesia, aportaba económicamente y se esforzaba por cumplir lo que sus guías le sugerían. Sin embargo, en su vida diaria, y de forma consuetudinaria, realizaba una serie de acciones que contradecían su aspiración. Mentía deliberadamente, era indiferente con los pobres y necesitados, incumplía sus tratos y en muchos casos faltaba a la ética y la moral. Un día, sufrió un infarto de miocardio, ingresando de urgencia al hospital, pero los daños orgánicos eran grandes y murió clínicamente. Al morir, se encontró con Jesús, aunque con la singularidad de que el Señor siempre le estaba dando la espalda. Entonces, comenzó a orar y llorar: “Señor, yo cumplí contigo, te oré, fui a tu iglesia, ¿por qué me das la espalda?”. Pero el Señor Jesús continuaba en su posición y no volteaba. Al final, fueron tantos los ruegos que el Señor, en su infinita compasión, le dijo: “Búscame en la Iglesia que se encuentra en los pobres y necesitados, encuéntrame en la palabra cumplida, sígueme en los tratos justos y únete conmigo, no sólo leyendo los mandamientos, sino cumpliéndolos”. En ese momento, los médicos lograron revivir a aquel hombre, el cual, a partir de ese día, decidió ser verdaderamente espiritual.

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