Lo trascendente

Durante el curso de nuestras existencias estamos muy afanados por mejorar cada día en múltiples aspectos. Anhelamos una mejor situación económica. Invertimos mucho tiempo esforzándonos por mejorar la apariencia física, dedicando muchas horas en el gimnasio, en el quirófano o los salones de belleza. También invertimos mucho tiempo de vida dedicados al estudio, buscando obtener títulos o conocimientos que nos permitan prosperar. Todo lo anterior son aspiraciones legítimas del ser humano fruto de su paso por la tierra. Sin embargo, tenemos que reflexionar detenidamente que todo lo anteriormente mencionado es pasajero, se esfuma rápidamente, no tiene un valor real. ¿Qué es aquello que permanece por siempre y que verdaderamente es real? Es nuestra Alma, la cual es eterna, intemporal, sutil, incorruptible. Al igual que al cuerpo o a las metas materiales a esa Alma tenemos que dedicar tiempo y esfuerzo para lograr conocerla y expresar sus maravillosas cualidades. La Meditación, la Reflexión, el Discernimiento, la lectura de libros espirituales, el servicio desinteresado, los cantos devocionales, las conversaciones sobre temas espirituales, la buena compañía y la práctica de los Valores espirituales ayudan en el conocimiento del Alma. Entonces, se adquiere la Prosperidad Espiritual, la Belleza Eterna y la Sabiduría que trasciende el tiempo, el cuerpo y este breve paso por la tierra. Eso, verdaderamente vale el esfuerzo.

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