Nunca te rindas

Cuando estudié en la universidad recibí clases de un profesor excepcional. Era un hombre de fuertes convicciones, sólida formación profesional y que además era miembro del Tribunal Superior de Justicia, un personaje de gran importancia en el Estado. Como cosa curiosa sólo tenía un solo brazo y siempre nos inquietaba saber cómo lo había perdido. Un día accedió a contarnos. Nos dijo que siendo un niño estaba montando a caballo cuando de pronto el animal resbaló y cayó sobre unas piedras, rompiéndose el brazo por diversas partes. En aquella época no se conocía la forma de tratar estas roturas y los médicos sólo atinaron a cortarle el brazo para evitar una gangrena. Desde entonces algunos siempre querían echarle a menos. Un día se inscribió en una academia para aprender mecanografía, una técnica que requiere ambas manos, todos le dijeron que no podría pero él siguió adelante y se convirtió en un excelente mecanógrafo. Luego quiso trabajar, muchos trataron de disuadirle, pero él estuvo al acecho del gerente general de una gran empresa para solicitarle empleo. Cuando pudo acercársele el gerente le preguntó: “¿Qué sabes hacer?” Y él le dijo: “soy mecanógrafo”. El gerente sonrió y para deshacerse de él lo envió a la oficina de recursos humanos para que le hicieran una prueba. En los exámenes alcanzó las más altas puntuaciones y fue empleado. Luego, se trasladó a la capital de su país para estudiar en la única universidad que había en ese entonces, todos le dijeron que era imposible, aunque ya sabían de su voluntad inquebrantable. Estudió y fue uno de los mejores estudiantes, comenzó a trabajar en la judicatura de su país, llegando a ostentar el más alto cargo posible. Pase lo que pase nunca te des por vencido/a. Jamás. Sigue adelante persiguiendo aquello que consideras dará sentido a tu vida. El triunfo más satisfactorio y más relevante es aquel que conoce el dolor y el esfuerzo del camino.

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