El Poder del Nombre Divino

Un día viajaba con varias personas en un automóvil, transitábamos por un área rural, la carretera era estrecha y los laterales del pavimento se encontraban sin asfaltar. De pronto, y de forma inesperada, tres vacas se cruzaron en nuestro camino y el impacto se mostraba evidente. A todo esto se agregó que otro automóvil llegaba también en vía contraria y la situación se complicó aun más.

Ante el inminente accidente uno de los viajeros gritó: “!@#$%&!” . Una serie de palabrotas impublicables. Por su parte, otro de los viajeros, con voz fuerte y decidida comenzó a gritar: “¡Dios mío, Dios mío, Dios mío!”. Esto dio pie a que todos comenzáramos a decir “Dios mío ayúdanos”. Entonces, de forma milagrosa, el auto se salió del camino, zigzagueo unos momentos en los laterales y luego de forma impetuosa entró a la autovía de nuevo. Fue tal la impresión que nos detuvimos para respirar y procesar lo ocurrido.

En ese momento pudimos morir o salir malheridos, pero todo salió bien, gracias a lo que todos comprendimos como una intervención divina. Los grandes Iluminados señalan que es muy importante la forma en la que morimos o afrontamos situaciones difíciles. Para ello recomiendan que sea con el nombre de Dios en los labios y su remembranza en la mente. Durante el incidente, una persona se polarizó con lo negativo y otra se aferró a Dios. Esto no fue casual, sino causal. Esta persona que llamó a Dios acostumbraba a hacerlo, ya era algo automático cada vez que atravesaba por una situación difícil.

Ojalá que todos aprendamos a polarizarnos positivamente con el principio Divino, tanto en los momentos felices como en los retos o tragedias. La persona que haya experimentado el Poder del Nombre Divino saldrá siempre exitosa de las más difíciles situaciones.

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